miércoles, 11 de octubre de 2017

Las monedas de oro


"Al final del arco iris hay una olla con monedas de oro que cumplen deseos. Para tomarlas debes esperar a que llueva con sol, luego das un buen salto hasta las líneas de colores". Desde que Judy me lo dijo ya no podía pensar en otra cosa, necesitaba las monedas para que mi único deseo se hiciera realidad: que Judy no se fuera nunca. Llovía el día de mi cumpleaños. Entre las nubes asomaban manchones de cielo azul y yo cruzaba los dedos para que el sol se asomara. Resbalé antes de terminar la invocación, al caer sentada las tejas se deslizaron unas sobre las otras llevándome con ellas. Cuando desperté en el hospital y quise moverme, sentí como si la vida me comenzara en los ojos y se me terminara en el cuello. Tetraplejía, había dicho el doctor. 
Al regresar a casa no encontré a Judy, se había esfumado. Desde mi cama veo las noches y los días pasar. A veces, cuando llueve, un pájaro choca contra el cristal de la ventana.
Una vez me pareció ver a Judy.



viernes, 7 de abril de 2017

Consejos para un lector de poesía

"Hipnotizador", de Bohumil Kubista.

Si usted va a leer poesía -o cualquier otro tipo de texto literario- ante el público, tenga cuidado con las manos. Si no sabe cómo usarlas le recomiendo que las deje quietas o que las use solamente para sostener el libro del que lee, de lo contrario terminará distrayendo al público y en lugar de escucharlo se pondrá a seguir el movimiento de sus manos con un penoso sentimiento de vergüenza ajena.
Si no logra contenerse entonces sea comedido, muévalas un par de veces, no más, pero con elegancia: no se acomode la camisa, blusa, falda o pantalón,  no se rasque la cabeza ni las mejillas ni el cuello, no se frote la nariz, no aletee y que sus manos sigan el ritmo de las palabras. Con esto será suficiente y logrará que el público lo valore o como mínimo, lo respete.
No lo olvide.