jueves, 28 de febrero de 2013

Traductor Enemigo versus Traductor Amigo


Afortunado seas si puedes leer un libro en su idioma original que, además, no es tu idioma materno. Pero si no te queda más remedio que leer la traducción, es mi deber alertarte sobre cierto peligro. Antes quiero hacerte unas preguntas:

Cuando te dispones a leer un libro o cuando lo hojeas en la librería, ¿te fijas en el nombre del traductor?

¿Te ha interesado alguna vez conocer de traductores así como conoces de autores?

¿No? Yo tampoco lo hacía hasta que 
llegó a mis manos un libro de uno de mis autores favoritos, John Cheever. Ya en el segundo párrafo del primer cuento noté algo raro. ¿Estaba leyendo realmente a John Cheever? ¿El mismo que ganó el National Book Award y el Premio Pullitzer,  uno de los mejores cuentistas de Estados Unidos?
Revisé la biografía al dorso, y sí, se trataba del mismo John Cheever. ¿Qué había ocurrido? El original en inglés había caído en las manos de un Traductor Enemigo y cuando terminó con él, parecía haber sido escrito por un principiante.

¿Qué es un Traductor Enemigo? 



Traductor Enemigo:

No voy a perder mucho tiempo definiéndolo, basta con decir que es todo lo contrario al Traductor Amigo. 
Ejemplo: Un cebado grupo de traductores españoles que, si no estás alerta, podrían hacerte  odiar la lectura.

Traductor Amigo:

Además de ser un buen traductor es también un buen escritor, y en algunos casos, un escritor talentoso.
Conoce y estudia la obra del autor al que traduce. Tiene gran dominio de su lengua materna y de la lengua con la que trabaja.
Ser un Traductor Amigo es difícil, requiere de años de estudio y de experiencia. Requiere de entendimiento y de ingenio.
Es muy fácil identificarlo: cuando estás leyendo una traducción hecha por él, no lamentas tu incapacidad para entender el libro en su lengua original.
Ejemplo: Julio Cortázar. Tradujo, entre otras,  la obra completa en prosa de Edgar Allan Poe, considerada por la crítica como la mejor traducción de Poe  realizada hasta ese momento. Octavio Paz,  otro gran escritor que también fue un Traductor Amigo.


Consejos para evitar al Traductor Enemigo:

No se trata de complicarte la vida, o que la acción de seleccionar un libro se convierta en un problema. Se trata de que pongas más ojo, al menos para seleccionar los libros de tus autores favoritos.

* Cuando estés en la librería pregunta cuántas ediciones existen del libro que te interesa, si hay más de una, compáralas. Si conoces la obra del autor porque ya lo leíste en buenas traducciones, podrás saber qué edición elegir.

* Fíjate en el nombre de la editorial. Las editoriales que han forjado su fama publicando buena literatura, no la pondrán en riesgo contratando a malos traductores.

* Si existe  una sola edición, tómate tu tiempo para revisarla, a ver si le pillas errores   de sintaxis o de ortografía. Si la traducción no es óptima, que  al menos sea aceptable. 

* Si no existe nada más que una edición  regular o mediocre, no la compres, de lo contrario te aseguro que no llegarás ni a la mitad del libro.

* Si no conoces mucho de la obra del autor, usa tu sentido común y tu experiencia como lector: lee algunas páginas, si sientes que la lectura no fluye, sabrás a qué atenerte. 


* Pero si no te interesa para nada rescatar al autor, compra la edición más barata, la que trae, además, errores de ortografía. Al fin y al cabo todo depende de las necesidades de cada cual. 


© Carolina Meneses Columbié



jueves, 21 de febrero de 2013

Las disculpas, ¿las pides o las ofreces?



Ante la duda abstente, es el aforismo que guía mis pasos, por lo que no me queda más remedio que consultar el sitio web de la autoridad en la materia, la Real Academia de la Lengua Española. La respuesta me sorprende:

"Algunos puristas han censurado el uso de la fórmula pedir disculpas cuando una persona desea pedir perdón por haber cometido una falta, señalando que lo correcto sería ofrecer o presentar disculpas. No obstante, no hay razones para tal censura. Para dilucidar correctamente esta cuestión, hay que tener en cuenta, por una parte, el significado del término disculpa y, por otra, las distintas acepciones del verbo disculpar."

"El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (2001) ofrece una única acepción para el sustantivo disculpa:  'Razón que se da o causa que se alega para excusar o purgar una culpa'. Nada hay en esta definición que obligue a considerar que solo el ofensor es quien debe ofrecer su comportamiento ofensivo. Podría ser una tercera persona, por ejemplo, la que alegara motivos o razones para justificar o excusar  a otro, como ocurre en este ejemplo: Por su carácter bondadoso reacciona buscando siempre una disculpa si se trata de personas responsables."

"Por otra parte, hay que tener en cuenta que la voz disculpa puede interpretarse también como nombre de acción, es decir, como sustantivo que denota la acción designada por el verbo disculpar. El verbo disculpar tiene registradas en el DRAE (2001) las siguientes acepciones:
Transitiva: Dar razones o pruebas que descarguen de una culpa o delito. El complemento directo puede ser tanto la falta cometida (El director del festival disculpó la inasistencia del premiado alegando motivos de salud) como la persona que la ha cometido. Caso en que la falta se expresa mediante un complemento normalmente precedido de la preposición por  (El director del festival disculpó al premiado por su inasistencia, alegando motivos de salud). En esta acepción el verbo se construye muy frecuentemente con complemento directo reflexivo: En cuanto llegó, se disculpó por su retraso, motivado, según dijo, por problemas de tráfico. Aquí, el verbo disculpar sería sinónimo de justificar.
Transitiva: No tomar en cuenta o perdonar las faltas y omisiones que otro comete. En este caso, se una frecuentemente en oraciones imperativas y el complemento directo puede ser, igualmente, tanto la falta como la persona que la comete: Disculpen que me vaya, pero tengo una reunión urgente. Discúlpenme, pero tengo que marcharme. Aquí, el verbo disculpar sería sinónimo de perdonar.
Pronominal: Pedir indulgencia por lo que ha causado o puede causar daño. Ejemplo: Se disculpó por su grosería del día anterior. Aquí, el verbo disculpar sería sinónimo de pedir perdón."

"Teniendo en cuenta estas consideraciones, han de admitirse como válidas las fórmulas ofrecer (o presentar, dar u otros verbos similares) disculpas y pedir disculpas, siendo el sujeto de ambas acciones el que ha cometido una ofensa:
1.- El que ofrece disculpas desea que le sea aceptado el hecho de disculparse (acepciones 1 y 3).
2.-El que pide disculpas solicita que otro no le tome en cuenta o le perdone una falta u omisión cometida (acepción 2).
3.- Por ello, la locución pedir disculpas viene a ser sinónima, toda ella, de disculparse o pedir indulgencia, y así se recoge ya en la última edición del DRAE, s.v. Disculpa."

Linduras de nuestro idioma que suenan complicadas al oído y a la reflexión. Al parecer las dos formas son correctas. Para no confundirse con los conceptos recomiendo que, cuando toque hacerlo, se use nada más que un efusivo y sincero discúlpame.