domingo, 23 de octubre de 2011

Para escribir y comer pescado, hay que tener cuidado



Caleta Portales


Cuando  escribas, ¿qué podrías hacer o dejar  de hacer para evitar los temidos gazapos? Te  aclaro  que  mis consejos nacen de la propia  experiencia,  de muchas metidas de pata y de  algunos aciertos.

* Nunca jamás escribas bajo el efecto de las emociones, ni de las positivas ni de las negativas:
Si presencias un accidente de tránsito y los heridos aterrizan a tus pies, ese día NO escribas.
Si el amor de tu vida te abandona, o te dice que sí o por fin da algún indicio de que le interesas, NO escribas.
Si peleaste con alguien, si te subieron el sueldo o si te ganaste la lotería, NO escribas.
Escribe cuando tu mente se haya serenado y vuelva a ser capaz de analizar los hechos con objetividad. Si a pesar de todo decides escribir con la mente y el alma atormentada, hazlo pero no des a conocer el texto, guárdalo y revísalo más tarde. Tampoco escribas cuando el cansancio o el sueño te venzan, una cabeza en tal estado no se da cuenta ni de a quién pertenece. Si no te queda más remedio que escribir porque a alguien le urge el texto, tómate dos tazas de café negro bien negro, y cuando hablo de café no me estoy refiriendo al café instantáneo sino al verdadero café, de grano o en polvo, pero café-café. Es mucho más sano y, créeme, más efectivo. Sin embargo...

* Que nadie te apure: escribir un texto es un trabajo de creación, de compromiso con uno mismo y con tus lectores. Tú eres la única persona que puede determinar qué tiempo te tomarás, y si no te queda más remedio que entregar un trabajo en un plazo determinado, organízate, fija las horas del día o de la semana que destinarás a escribir. Nunca, nunca, nunca dejes el trabajo para unas horas antes de. Recuerda que hay autores que dedicaron largos años de su vida a la creación de un solo libro, aunque si se trata de un informe de trabajo no te conviene darte semejante lujo.

* Cuando termines un texto, revísalo. Cuando termines de revisarlo, revísalo otra vez, y otra vez y otra más. Guárdalo. Al día siguiente vuelve a revisarlo, te sorprenderás de todos los errores que no habías pillado. Pero no lo revises en la pantalla del computador, mejor imprímelo. Los errores resaltan más en la hoja impresa.

* Si puedes pídele a alguien de confianza que lo lea, por algo dicen que cuatro ojos miran mejor que dos. A mí me ocurre: muchas veces le paso quince veces por arriba a un error de tipeo, de concordancia o de ortografía, y no me doy cuenta porque estoy más centrada en el contenido que en la forma.

* Si escribes en computador trata de que el procesador de texto que usas tenga un buen corrector ortográfico, te aseguro que ni aun los grandes escritores están libres de faltas. Mantén abierto los sitios web de la Real Academia de la Lengua Española y de Wordreference. Utiliza diccionarios de sinónimos, de antónimos y de ideas afines. Recuerda: al momento de escribir el uso de diccionarios es una regla elemental, independientemente del tipo de texto del que se trate.

* Si tienes problemas de visión consulta al oculista. No estoy bromeando, a un par de ojos enfermos o cansados los errores se le filtran como lo haría el agua por un techo con goteras.

* Revisa el estado de las teclas de tu computador o de tu máquina de escribir. No imaginas la cantidad de letras que no aparecerán o que aparecerán repetidas por teclas en mal estado.

* Por último, consigue buenos lectores, capaces de corregirte con la mejor disposición cuando tu texto salga con errores por no aplicar los consejos.

Nota: Si mientras leías este post me pillaste uno o más errores te digo ya mismo que hoy por la tarde discutí con mi vecino a causa de su perro, que mis lentes se rompieron y todavía no fui al oculista, que a mi procesador de texto no le funciona el corrector ortográfico, que las teclas de mi computador siguen sueltas, que me muero de sueño porque ya es la una de la madrugada y que tengo que apurarme para terminar lo más pronto posible este post.

© Carolina Meneses Columbié

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