jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuento: Lugares comunes

"Agostina Segatori sentada en el Café de Tambourin" - Vincent Van Gogh

Que él la mire a los ojos y que le diga que lo va asumir todo ante todos mientras sostiene en la mano el último pedazo de pizza.
Que ella baje los párpados y que fije la vista en la taza de café tibio, que guarde silencio.
Que él encienda un cigarrillo, que le pregunte si lo escuchó y qué opina si es que lo escuchó.
Que ella mantenga la mirada fija en la taza de café tibio y que no le responda nada.
Que él le explique que ella para él no es un tema intrascendente sino el gran tema de su vida.
Que ella esté a punto de creerle y que se inquiete porque esto no es un juego.
Que entre a la pizzería un hombre enjuto de cuellito blanco y de traje oscuro, que se detenga junto a la puerta y que busque con la mirada.
Que a él se le escape un ¡mierda, pero si es el Padre Juan!, y que se baje de la silla para acuclillarse detrás del mantel.
Que ella le pregunte desconcertada quién es el Padre Juan y que él le susurre desde abajo es el cura de la familia de mi esposa.
Que a ella la acometa una risa nerviosa cuando lo ve avanzar a gatas rumbo al baño de caballeros.
Que el Padre Juan se acerque con cara de inquisidor y que le pregunte dama, ¿y el caballero que estaba con usted?
Que ella no pueda dejar de reír, que se afirme el vientre con las manos y que le señale con el mentón el pasillo que conduce al baño de caballeros.
Que el cura le diga debería darle vergüenza, dama y que se aleje en la dirección señalada.
Que a ella la risa se le corte de pronto, que se ponga de pie y que salga de la pizzería.
Que en la calle la ciegue el sol de la tres de la tarde y que descubra que tiene lágrimas que ni la risa ni la luz del sol provocaron.
Que ésta sea una historia común con el más común de los finales.

© Carolina Meneses Columbié

.