domingo, 23 de octubre de 2011

Para escribir y comer pescado, hay que tener cuidado



Caleta Portales


Cuando  escribas, ¿qué podrías hacer o dejar  de hacer para evitar los temidos gazapos? Te  aclaro  que  mis consejos nacen de la propia  experiencia,  de muchas metidas de pata y de  algunos aciertos.

* Nunca jamás escribas bajo el efecto de las emociones, ni de las positivas ni de las negativas:
Si presencias un accidente de tránsito y los heridos aterrizan a tus pies, ese día NO escribas.
Si el amor de tu vida te abandona, o te dice que sí o por fin da algún indicio de que le interesas, NO escribas.
Si peleaste con alguien, si te subieron el sueldo o si te ganaste la lotería, NO escribas.
Escribe cuando tu mente se haya serenado y vuelva a ser capaz de analizar los hechos con objetividad. Si a pesar de todo decides escribir con la mente y el alma atormentada, hazlo pero no des a conocer el texto, guárdalo y revísalo más tarde. Tampoco escribas cuando el cansancio o el sueño te venzan, una cabeza en tal estado no se da cuenta ni de a quién pertenece. Si no te queda más remedio que escribir porque a alguien le urge el texto, tómate dos tazas de café negro bien negro, y cuando hablo de café no me estoy refiriendo al café instantáneo sino al verdadero café, de grano o en polvo, pero café-café. Es mucho más sano y, créeme, más efectivo. Sin embargo...

* Que nadie te apure: escribir un texto es un trabajo de creación, de compromiso con uno mismo y con tus lectores. Tú eres la única persona que puede determinar qué tiempo te tomarás, y si no te queda más remedio que entregar un trabajo en un plazo determinado, organízate, fija las horas del día o de la semana que destinarás a escribir. Nunca, nunca, nunca dejes el trabajo para unas horas antes de. Recuerda que hay autores que dedicaron largos años de su vida a la creación de un solo libro, aunque si se trata de un informe de trabajo no te conviene darte semejante lujo.

* Cuando termines un texto, revísalo. Cuando termines de revisarlo, revísalo otra vez, y otra vez y otra más. Guárdalo. Al día siguiente vuelve a revisarlo, te sorprenderás de todos los errores que no habías pillado. Pero no lo revises en la pantalla del computador, mejor imprímelo. Los errores resaltan más en la hoja impresa.

* Si puedes pídele a alguien de confianza que lo lea, por algo dicen que cuatro ojos miran mejor que dos. A mí me ocurre: muchas veces le paso quince veces por arriba a un error de tipeo, de concordancia o de ortografía, y no me doy cuenta porque estoy más centrada en el contenido que en la forma.

* Si escribes en computador trata de que el procesador de texto que usas tenga un buen corrector ortográfico, te aseguro que ni aun los grandes escritores están libres de faltas. Mantén abierto los sitios web de la Real Academia de la Lengua Española y de Wordreference. Utiliza diccionarios de sinónimos, de antónimos y de ideas afines. Recuerda: al momento de escribir el uso de diccionarios es una regla elemental, independientemente del tipo de texto del que se trate.

* Si tienes problemas de visión consulta al oculista. No estoy bromeando, a un par de ojos enfermos o cansados los errores se le filtran como lo haría el agua por un techo con goteras.

* Revisa el estado de las teclas de tu computador o de tu máquina de escribir. No imaginas la cantidad de letras que no aparecerán o que aparecerán repetidas por teclas en mal estado.

* Por último, consigue buenos lectores, capaces de corregirte con la mejor disposición cuando tu texto salga con errores por no aplicar los consejos.

Nota: Si mientras leías este post me pillaste uno o más errores te digo ya mismo que hoy por la tarde discutí con mi vecino a causa de su perro, que mis lentes se rompieron y todavía no fui al oculista, que a mi procesador de texto no le funciona el corrector ortográfico, que las teclas de mi computador siguen sueltas, que me muero de sueño porque ya es la una de la madrugada y que tengo que apurarme para terminar lo más pronto posible este post.

© Carolina Meneses Columbié

viernes, 9 de septiembre de 2011

La grieta, de Doris Lessing



En el comienzo de los tiempos en la Tierra no había hombres, sólo mujeres a las que fecundaba la Luna. Eran seres marinos que vivían en "La Grieta", una cueva junto al mar. Los años transcurrían rutinarios y en completa calma: Ellas nadaban, tomaban sol tendidas sobre las grandes rocas de la costa y parían a más hembras. Así fue durante siglos, no existía otro orden de cosas y la posibilidad de alterarlo con la búsqueda de un destino diferente lejos de  la cueva no cruzaba por sus mentes. Hasta que nació un monstruo que tenía, en el mismo lugar en que las mujeres exhibían su grieta, unas protuberancias extrañísimas que parecían no servir para nada. No había sitio en "La Grieta" para un monstruo repulsivo e inútil,  sin escrúpulos ni culpas las mujeres se deshicieron de él. Pero volvió a nacer otro y otro más, nacieron tantos que fue imposible eliminarlos a todos. La vida cambió para siempre, los hombres habían llegado para quedarse.
Aunque es un tema que ya fue abordado por varias plumas, en la de  Doris Lessing alcanza otros matices. Con una escritura de enorme sensibilidad, nos entrega una visión sofisticada y certera de las diferencias macho-hembra y del punto donde por fin se encuentran.

© Carolina Meneses Columbié

Imagen:  Lessing, Doris. La grieta. Buenos Aires : Lumen, 2007

Si deseas adquirir este libro, puedes buscarlo aquí, escribiendo el título en la ventana de "Keywords": 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La armonía en el texto


En literatura, la armonía es el arte de producir una sensación agradable por la sonoridad de las palabras y el ritmo de las frases. Es una de las fortalezas de los buenos escritores, esencial al momento de escribir.

Para lograrla:

- No termines una frase con la expresión más corta.
Ejemplo:
Correcto: Separé por colores las cartulinas que utilizaremos.
Incorrecto: Separé las cartulinas que utilizaremos por colores.  (En este caso, el sentido de la frase se vuelve ambiguo)

- Debes dar prioridad al complemento más corto, no puede quedar en la cola de la frase.
Ejemplo:
Correcto: Ordenen sus ideas antes de llevarlas al papel.
Incorrecto: Ordenen, antes de llevarlas al papel, sus ideas.

- Evita:
La cacofonía, que es la repetición de sonidos iguales o semejantes.
La monotonía, que es la falta de variedad en las palabras.
Las repeticiones de las mismas ideas. Denota pobreza de ideas, de vocabulario y una deficiente corrección del texto.
Las asonancias y las consonancias.

La Real Academia de la Lengua Española define las asonancias como:
1. La correspondencia de un sonido con otro.
2. La correspondencia o relación de una cosa con otra.
3. La identidad de vocales en las terminaciones de dos palabras a contar desde la última acentuada, cualesquiera que sean las consonantes intermedias o las vocales no acentuadas de los diptongos. En los esdrújulos no se cuenta tampoco la sílaba penúltima.
4. En prosa o en poesía, uso inmotivado de voces que se corresponden unas con otras, hiriendo el oído.
5. Figura que consiste en emplear adrede, al fin de dos o más cláusulas o miembros del período, voces que terminan en sílaba o sílabas iguales.

Y define las consonancias como:
1. La identidad de sonido en la terminación de dos palabras desde la vocal que lleva el acento.
2. El uso inmotivado, o no requerido por la rima, de voces consonantes muy próximas unas de otras.
3. La relación de igualdad o conformidad que tienen algunas cosas entre sí.
4. La. cualidad de aquellos sonidos que, oídos simultáneamente, producen efecto agradable.

Dicho en palabras más sencillas: ¡Evita la rima!


Fuentes consultadas:
Martín Vivaldi, Gonzalo. Curso de Redacción. Teoría y Práctica de la Composición y del Estilo. Madrid: Paraninfo S. A., 2001 

Real Academia Española.

© Carolina Meneses Columbié

domingo, 4 de septiembre de 2011

Citando a Charles Bukowski



"Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará. El rechazo y el ridículo no harán más que fortalecerle. Y cuanto más tiempo se le reprima, más fuerte se hará, como una masa de agua que se acumula contra una presa. No hay derrota posible en la escritura; hará que rían los dedos de tus pies mientras duermes; te hará dar zancadas de tigre; te encenderá los ojos y te pondrá cara a cara con la Muerte. Morirás como un luchador, serás honrado en el infierno. La suerte de la palabra. Ve con ella, envíala. Sé el Payaso de la Oscuridad. Es divertido. Es divertido. Otra línea más..."

Charles BukowskiEl capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco. Barcelona : Anagrama, 2000


sábado, 3 de septiembre de 2011

El alma al diablo, de Marcelo Birmajer



Un libro bien escrito que trasciende los grupos de edades. En la contraportada dice que es “para jóvenes adultos”, sin embargo a mí, que ya abandoné a tan envidiable grupo, el libro de Marcelo Birmajer  me cautivó en la primera de sus 128 páginas y no lo solté hasta el punto final.
Hijo de una familia de judíos practicantes, Mordejai es un chico de doce años que se prepara con el rabino Sender Musnak para celebrar su baarmitzvá, la ceremonia en la que pasará a formar parte de la comunidad adulta. Mordejai vive en el barrio judío de Buenos Aires entre familias decentes y trabajadoras. Cerca de su hogar una misteriosa casa abandonada le llama poderosamente la atención: dicen los del barrio que allí es donde habita el Maligno. Cierto día regresan sus moradores, un matrimonio al que todos evitan. A Mordejai su padre le prohibe acercarse al lugar pero la atracción que siente hacia Tamara, la mujer del matrimonio, es más intensa que el respeto que le inspira la orden paterna. Por azares del destino que no voy a contar, Mordejai entra en contacto con la pareja. Al conocerlos mejor, se intensifican las dudas que ya gravitaban en su cabeza con respecto a la práctica de su religión.

© Carolina Meneses Columbié



jueves, 1 de septiembre de 2011

Cómo escribir una carta de amor

Hace unos días llegó a mi correo la convocatoria a un Concurso de Cartas de Amor. Tiene sentido, quien más quien menos escribió o escribirá una carta de amor, o de desamor, que a la larga viene a ser más o menos lo mismo. En todo caso, siempre es un tema de lo más oportuno, ya que las cartas de amor no pasan de moda.
Un gran escritor amigo mío dice: "si quieres escribir sobre el amor no menciones la palabra amor", entonces, la escritura de una carta de amor sería un ejercicio mucho, pero mucho más difícil y más interesante de lo que suponemos. ¿Cómo podríamos escribirla y no pecar de ridículos provocando el efecto contrario al que deseamos? Te voy a dar algunos consejos que puedes tomar o dejar, porque como digo siempre, en este negocio de la escritura lo que cuenta es el impacto.

No comiences la carta con: "Amor de mi vida", "Mi amor", "Mi cielo", "Mi único y gran amor", hace mucho que pasaron de moda y ya fueron usados hasta el cansancio. Tú quieres ser original, impresionar y lograr tu objetivo.
Si eres hombre trata de no comparar a la destinataria con el sol o con la luna, con las rosas rojas o con lindas margaritas de la campiña en primavera, menos con el cielo, con el mar o con las estrellas, tampoco le digas que ella es lo más bello que viste en tu vida, las mujeres ya no creemos en tonterías. Y si eres mujer, no le digas que es el primer amor de tu vida o que, si bien no es el primero sí que es el gran amor.
Jamás escribas "no puedo vivir sin ti".
No adules con clichés.
No le prometas nada, ni tampoco se lo ofrezcas. Como bien dice el dicho: "Obras son amores y no buenas razones".
La salida tendrá que ser tan original como la entrada, los "Te ama con la vida", "Tuyo para siempre", "Vives en mis pensamientos", elimínalos, son ridículos y para nada convincentes.

A estas alturas te estarás preguntando qué escribir en tu carta. Aquí los consejos:

Sé gracioso y sácale una risa, o mejor una carcajada.
Sé osado, pero no confundas la osadía con la vulgaridad, y bueno, si sabes ser vulgar con sofisticación, bienvenido sea, hay para todos los gustos. En otras palabras, olvídate de San Valentín y asóciate con Eros, que en estos casos es el más indicado.
Recuérdale algún momento especial, por ejemplo, lo que estabas haciendo el día que se conocieron o dile que si no te hubiera ayudado a pintar tu casa nueva seguirías viviendo en un agujero negro. O algo por el estilo, ¿captas la idea?
Muy, muy importante es aliñar la realidad con un toque de ficción, lo que no te convierte en un mentiroso sino en un escritor.


Imagen: Thomas Benjamin Kennington angol festő (1856-1916)

© Carolina Meneses Columbié

martes, 30 de agosto de 2011

Roald Dahl y la escritura

Maestro indiscutido del género infantil, su estilo irónico, implacable, ácido, con frecuencia cruel, lo convierte en uno de los escritores más leídos por los niños de varias generaciones. Y se equivocan los que piensan que los niños suspiran con las historias tiernas, moralistas, plenas de contenido educativo. A los chicos, como a los grandes, les gustan las emociones fuertes y cierta cuota de crueldad, sobre todo si se utilizan para reivindicar sus derechos. Pero Roald Dahl también escribió para adultos con la misma calidad con que lo hizo para los niños. Fue un escritor de ficción en el más absoluto rigor de la palabra, y con respecto al arte de escribir dijo:

"La vida de un escritor es un verdadero infierno comparada con la de un empleado. El escritor tiene que obligarse a trabajar. Ha de establecer sus propios horarios y si no acude a sentarse a su mesa de trabajo no hay nadie que le amoneste. Si es autor de obras de ficción, vive en un mundo de temores. Cada nuevo día exige ideas nuevas, y jamás puede estar seguro de que se le vayan a ocurrir. Dos horas de trabajo dejan al autor de ficción absolutamente exhausto. Durante esas dos horas ha estado a leguas de distancia, ha sido otra persona, en un lugar distinto, con gente totalmente distinta, y el esfuerzo de volver al entorno habitual es muy grande. Es casi una conmoción. El escritor sale de su cuarto de trabajo como aturdido. Le apetece un trago. Lo necesita. Es un hecho que casi todos los autores de ficción beben más whisky del que les conviene para su salud. Lo hacen para darse fe, esperanza y ánimo. Es un insensato el que se empeña en ser escritor. Su única compensación es la libertad absoluta. No tiene quien le mande, salvo su propio espíritu, y eso, estoy seguro, es lo que le tienta."

© Carolina Meneses Columbié

lunes, 22 de agosto de 2011

Tal cual
















Tengo un deseo desesperado
de sentirte dentro de mí.
No te diré que vayamos con calma,
porque en la cama no es calma
lo que quiero contigo,
sino el vértigo de mar huracanado.
Que se detenga el mundo,
que cesen los sonidos del planeta,
que el universo se confunda
y que no podamos más
que cerrar los ojos para no morir
cuando la gran ola enloquecida
nos lleve hasta la cima para perdernos
en esa nada absoluta que lo es todo
sabiéndonos tan cercanos
que al cerrar los ojos
nos volvamos a encontrar.
Tengo un deseo desesperado
de sentirte dentro de mí.

(2006)

© Carolina Meneses Columbié

Imagen:  Henri de Toulouse-Lautrec, "In bed, The kiss," 1892

martes, 16 de agosto de 2011

Allegro Non Troppo





Un paseo no programado, el estado de ánimo propicio, la época del año indicada y la cámara de fotos siempre lista para preservar la huella de la belleza breve que nos sale al paso.






© Carolina Meneses Columbié

Imágenes: Archivo personal.

sábado, 13 de agosto de 2011

Una cita de Herman Hesse


"Hoy ya sé muy bien que nada en el mundo repugna tanto al hombre como seguir el camino que ha de conducirle hacia sí mismo."
Herman Hesse. Demian. Pag. 42. Santiago: Centro Gráfico, 2002


Imagen: Tomada de "Taringa"

lunes, 18 de julio de 2011

El uso correcto de los guiones de diálogo



Para el estudio de los guiones de diálogo suelo recomendar a mis alumnos el conocido artículo de Eduardo Scarletti: Guiones de diálogo. Pero más de alguno me ha dicho que no lo entiende. El uso correcto de los guiones de diálogo puede parecer difícil al principio, así que te explicaré de la manera más sencilla posible cómo hacerlo y salir airoso.
El guión de diálogo es siempre una raya larga (—) que se logra usando el código ASCII Alt+0151. También se llama "guión largo" y sirve para indicar los parlamentos de los personajes y los incisos del narrador, o dicho en palabras más sencillas, las intervenciones del narrador para indicar quién habla y/o para ampliar la información, se hace sólo cuando es necesario.
Son diez los usos más frecuentes de los guiones de diálogo:

Uso 1: En este caso el guión va pegado a la primera letra de la palabra inicial.
—Siempre le digo a mis alumnos que el uso del guión largo requiere de mucha práctica.
Uso incorrecto:
— Siempre le digo a mis alumnos que el guión largo requiere de mucha práctica.
Es incorrecto porque entre el guión y la primera letra de la palabra inicial he dejado un espacio.

Uso 2: Aquí tenemos dos guiones de diálogo. El primero abre el parlamento del personaje, recuerda: siempre va pegado a la primera letra de la primera palabra. El segundo guión indica la intervención del narrador, hay un espacio entre la última letra de la última palabra del personaje, pero va pegado a la primera letra de la primera palabra del narrador.
—Quiero que ejerciten los guiones de diálogo —le pidió el profesor a sus alumnos.
Uso incorrecto:
—Quiero que ejerciten los guiones de diálogo — le pidió el profesor a sus alumnos.
Es incorrecto porque entre el guión de diálogo y la intervención del narrador he dejado espacio.

Uso 3: Tenemos tres guiones de diálogo. El primero abre el parlamento del personaje, los otros dos la intervención del narrador, pero a diferencia del caso anterior en éste se sitúa dentro de lo expresado por el personaje, no al final. La fórmula sería: espacio etre la última letra de lo expresado por el personaje y el guión de diálogo que abre la intervención del narrador, que irá pegado a la primera letra de la primera palabra del narrador, guión de diálogo pegado a la última letra de la última palabra del narrador.
—Quiero —pidió el profesor— que ejerciten los guiones de diálogo.
Uso incorrecto:
—Quiero — pidió el profesor — que ejerciten los guiones de diálogo.
¿Cuál sería el error aquí?

Uso 4: Fíjate que en este caso los guiones de diálogo que indican la intervención del narrador van dentro de una frase aclaratoria, la "coma" va pegada al último guión de diálogo que cierra la intervención del narrador.
—Estoy seguro que, si practican —afirmó el profesor—, no tendrán problemas.
Uso incorrecto:
—Estoy seguro que, si practican —afirmó el profesor— , no tendrán problemas.
¿Cuál sería el error aquí?

Uso 5: Aquí tenemos un punto y seguido pegado al guión de diálogo que cierra la intervención del narrador. No lo olvides, siempre pegados.
—¡Muy bien! —celebró el profesor—. Por fin lo entendieron.
Creo que ya no necesitas más ejemplos de usos incorrectos. Continuemos.

Uso 6: Espacio entre el signo de interrogación que cierra la pregunta y el guión de diálogo que abre la intervención del narrador. El guión de diálogo que la cierra va pegado al punto y seguido.
—¿Alguna duda? —preguntó el profesor—. Podemos continuar.

Uso 7: Puntos suspensivos, espacio, guión de diálogo.
—Ya les he dicho que... —se interrumpió el profesor—. Mejor vamos a otra cosa.

Uso 8: Fíjate bien. En este caso el punto y seguido antecede al guión de diálogo que abre la intervención del narrador, siempre hay un espacio entre ellos y la primera letra de la palabra que abre la intervención del narrador va con mayúscula, por supuesto, va después de un punto. También hay otro punto y seguido pegado, bien pegado, al guión de diálogo que cierra la intervención.
—Sí, creo que podemos continuar. —Concluyó el profesor—. Comenzaremos a estudiar el punto de vista.

Uso 9: Hay un punto y seguido en la intervención del narrador, viene el guión de diálogo y pegados a éste los dos puntos, espacio, primera letra del parlamento del personaje con mayúscula.
—Bueno, chicos, creo que podemos pasar a otra cosa —dijo el profesor. Abrió su libro y leyó—: El punto de vista.

Uso 10: Guión de diálogo pegado a los dos puntos, espacio, primera letra de la palabra en minúscula.
—El mejor consejo que les puedo dar es el siguiente —dijo el profesor—: lean con atención a los buenos autores y deténganse a observar el uso que hacen de los guiones de diálogo. Si hacen esto mejorarán.

Como ves, los espacios, o la ausencia de ellos, son fundamentales en el uso correcto de los guiones de diálogo. La práctica y la lectura atenta harán el resto.
Escríbeme si las dudas continúan.

© Carolina Meneses Columbié

sábado, 16 de julio de 2011

¿Te aburre el libro?


¿Te ocurre que no puedes avanzar en la lectura de algún libro? No porque te falte el tiempo, aunque el tiempo te falte siempre. No porque te esté apurando la persona o la biblioteca que te lo prestó. No porque el escritor no sirva. No hay caso. Por la noche, mientras tratas a duras penas de avanzar en la lectura te despierta sorpresivamente el ruido que hace al chocar contra el suelo cuando se te cae de las manos.
Dime:
¿Por qué aburre un libro de valor cuyo autor conoce el oficio? ¿Será que lo que unos consideran de valor para otros no lo es tanto? ¿Será que de tanto buscar termina por aburrirnos casi todo?
Para que un libro nos guste ¿lo tiene que haber escrito un autor con patrones mentales y emocionales similares a los nuestros?
Borges lo explica borgianamente:
Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. (Tomado de "Biblioteca personal", de Jorge Luis Borges. Alianza Editorial, 1997).
En el mundo hay demasiados libros como para estar sufriendo por uno, cuando te aburra, por muy de valor que sea, ciérralo, guárdalo, devuélvelo o regálalo, y búscate otro. Si el nuevo libro tampoco te gusta, ciérralo, guárdalo, devuélvelo o regálalo y búscate otro. ¿Hasta cuándo? Sencillo, hasta que des con el que te vuelva insomne. Parecido al amor, ¿no?

© Carolina Meneses Columbié

Imagen: Muchacha leyendo. Renoir

jueves, 14 de julio de 2011

Algunos ingredientes básicos



Hablemos de algunos, tan sólo de algunos, ingredientes básicos que hay que tener en cuenta a la hora de preparar y de escribir el texto:
* La cohesión: Al escribir nunca olvides este ingrediente fundamental. La cohesión se consigue cuando todas las oraciones del párrafo se relacionan entre sí y forman un mensaje completo.
* El estilo: ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de estilo? Después de revisar mucha bibliografía me quedo con la definición de Middleton Murry:
"El estilo es una cualidad del lenguaje que comunica con precisión emociones o pensamientos". "El estilo es perfecto cuando la comunicación del pensamiento o la emoción se alcanza exactamente."Cómo se logra el titánico objetivo de comunicar con precisión emociones o pensamientos:
* Sobre el escenario del buen estilo bailan una danza sincronizada cuatro importantes bailarinas:
La claridad: Si quieres ser claro renuncia a la ambigüedad, tu pensamiento debe llegar al lector sin diques por el medio.
La concisión: Utiliza las palabras justas y necesarias, no disgregues, no te vayas por las ramas, no agotes al lector. Como dice un gran escritor al que no le gusta ser citado, "no es lo mismo síntesis que omisión".
La sencillez: No compliques al lector con un lenguaje decimonónico. No te engañes, escribir con sencillez es mucho más complicado que echarle mano a la retórica.
La naturalidad: Es la hermana de la sencillez.
* Sé original. No es tan difícil como parece. Se sabe que no quedan en este mundo nuevos temas sobre los que escribir, el meollo de la cuestión no está en inventar sino en recrear. La originalidad depende de la forma de tratar el tema, de la manera en que se construyan las ideas, de las comparaciones, de las imágenes y de las emociones que seas capaz de provocar, y para eso tienes que buscar dentro de ti mismo. Mi libro de consulta habla de la sinceridad: "la originalidad no depende de la novedad del tema, sino del modo nuevo y sincero de tratarlo." O dicho en otras palabras, tienes que traer al exterior el particular y desbordante mundo que se agita en tu interior.
Concluyo con el más elemental de los ingredientes: La persistencia. Si quieres escribir, escribe, y escribe mucho.

© Carolina Meneses Columbié
 
Bibliografía consultada:


Martín Vivaldi, Gonzalo. Curso de Redacción. Teoría y Práctica de la Composición y del Estilo. Madrid: Paraninfo S. A., 2001

sábado, 25 de junio de 2011

Tipos de alumnos del taller literario

Archivo personal


Coordinar un taller literario no es nada fácil, principalmente por la diversidad de alumnos que llegan a él. Sé por experiencia, primero como alumna y luego como coordinadora, que muchos de los que se matriculan y presentan un texto, no lo hacen con la intención de aprender sino con la de ser descubiertos, por lo que sufren una gran desilución cuando reciben como respuesta un sinnúmero de correcciones que interpretan como críticas o, en el peor de los casos, como ofensas. En este tipo de alumnos hay dos categorías: los que abandonan después de la primera clase y los que deciden continuar una vez que entienden que el coordinador no pretendía ofender sino enseñar.
Dentro del grupo que continúa hay varios subgrupos:
Los que hacen caso omiso de las correcciones recibidas. Este subgrupo provoca gran impotencia en el coordinador, que siente que está perdiendo el tiempo después de volver una y otra vez sobre los mismos errores explicándolos de mil maneras distintas. Y nada, el alumno parece haber puesto una barrera infranqueable entre ambos.
El subgrupo de los alegadores, ay, los alegadores: reclaman por todo y lo contradicen todo. Repiten de memoria párrafos de grandes escritores para demostrar que el autor consagrado hizo lo mismo que se les está criticando a ellos: "¿Por qué Cortazar puede saltar de un punto de vista a otro y Alejo Carpentier usar un lenguaje rebuscado y yo no puedo, ah?" La respuesta se cae de la mata: "Porque tú no eres Cortázar ni tampoco Carpentier".
Un subgrupo admirable es el de los "machucados". Son los que, a pesar de los progresos lentos y de los largos períodos de estancamiento, siguen perseverando hasta que logran superar las dificultades con las que se van topando. Ellos nunca alegan, nunca contradicen, escuchan calladitos lo que se les señala y luego tratan de ponerlo en práctica. No le piden al coordinador que les haga la tarea ni que les dé las respuestas, ellos las buscan solos y cuando las encuentran, las estudian. Pueden entristecerse al sentir que no progresan, pero en lugar de hundirse en lamentaciones se aprietan el cinturón y continúan, indiferentes a los tiempos porque saben que algún día llegarán.
El subgrupo de los talentos natos tiene dos categorías. Los talentosos perezosos, tan talentosos que se duermen en los laureles y al final no logran nada; y los talentosos dedicados, de los que más temprano que tarde, hablarán los medios.
Cierta vez una alumna del grupo de los alegadores me acusó de haberle matado la vocación. Yo me pregunto, partiendo del concepto de la palabra vocación: cuando ésta es verdadera, ¿cómo es posible matársela a alguien?

© Carolina Meneses Columbié

Fotografía: Archivo personal. "Gaviotas". Caleta Portales, Valparaíso. Chile.

domingo, 10 de abril de 2011

La monstrua: narraciones de lo innombrable



Me sorprende encontrar en internet este libro en el que aparece un cuento mío. La historia es la siguiente:
En 2006 participé en un concurso de cuentos de terror en Guadalajara, México. Al año siguiente supe que había sido seleccionada como finalista. Al parecer el premio consistía en esta publicación, de la cual nunca supe nada hasta ahora.
A pesar de que La estrella había sido seleccionada, a mí no me tenía conforme. Seguí trabajando el cuento hasta que mejoró un poco. Tiempo después lo publiqué con el nombre de El retorno en mi propio libro Ficciones Irrelevantes. Ahora, que he vuelto a leerlo, pienso que todavía le falta. Este trabajo es así, nunca te deja conforme.

Datos:
Paperback, 142 pages.
Spanish.
Published February 2008 by Vavelia.
ISBN: 970955212
Guadalajara, Jalisco

sábado, 15 de enero de 2011

El Hombre de mi vida


Para Franco, el Hombre de mi Vida.

(2007)

El Hombre de mi Vida
no llega al metro de estatura.
No tiene músculos de Hércules
ni melena de Sansón
ni talla de coloso
ni elocuencia de orador.
Tampoco discreción
ni recato ni pudor.
Es gordo, blandito
y de cabeza, pelón.
Emite sonidos extraños
que entiendo sólo yo.
No sabe nada de modales.
Grita cuando tiene hambre.
Llora cuando tiene sueño.
Si quiere amor
arrulla, acaricia y lame.
Así es el Hombre de mi Vida
y no hay otro mejor.

© Carolina Meneses Columbié