jueves, 5 de noviembre de 2009

La autopublicación y el escritor desvinculado


Aclaremos primero el concepto. Escritor desvinculado es el que no tiene el tiempo ni la paciencia ni las ganas ni el temple de ir de una editorial a otra a mostrar su obra y a convencer al que tenga la amabilidad de recibirlo, si es que lo recibe, de las razones por la que merece ser publicado. No posee relaciones en el mundo de las letras ya que tampoco cuenta con el tiempo, la paciencia ni las ganas de estrechar relaciones de interés. En otras palabras, es un completo desastre para las relaciones públicas. Ante semejantes características es muy poco probable que algún día lo publique una editorial tradicional, a menos que lo descubra por obra y arte de las casualidades de la vida, algún editor o agente literario, lo que es aún menos probable. Entonces, ¿qué opción le queda al escritor desvinculado para ver su obra publicada en fuentes que no sean los sitios web o los blogs? La palabra clave es la AUTOPUBLICACIÓN. Existe cierto prejuicio con respecto a la autopublicación. "Claro, escribe tan mal que no le quedó otro recurso", se escucha por ahí. Pero si el escritor desvinculado se conoce algo y está consciente de lo bien que escribe, este prejuicio no le debiera alterar en lo más mínimo. El problema es el de contar o no contar con el capital para cubrir los costos que implica el proceso de autopublicación, desde la etapa inicial, que es el momento en que se firma el contrato, hasta la difusión del producto final, que puede ser el libro impreso o el libro electrónico. En el caso del libro impreso el escritor desvinculado tendría que estar preparado para no caer en una depresión profunda ante la eventualidad de quedarse con dos o más cajas llenas de ejemplares, que terminarán en la bodega de su casa o en la tina del baño de visitas porque no le alcanzó el capital para la difusión y, por lo tanto, casi nadie se enteró de la existencia de su obra en el mundo. Al menos tendrá a mano un regalo especial que darle a los amigos en el día del cumpleaños y a la familia en Navidad. Y la familia estará dispuesta a repetirse el regalito varias navidades seguidas porque por algo dicen que el amor de la familia es a toda prueba. Afortunadamente existen editoriales online muy serias que garantizan la venta del libro gracias a la calidad de sus contactos y al monto de sus ganancias. Y lo mejor de todo es que si logra una buena venta, el escritor desvinculado recibirá un porcentaje mucho mayor que el que recibiría con las editoriales tradicionales. Ahora bien, ¿qué pasa con el escritor desvinculado que además de desvinculado no tiene el capital necesario para la autopublicación? Para él algunas opciones podrían ser postular a proyectos serios que realmente se fijen en la calidad de la obra. O buscar un mecenas a como dé lugar, aunque ya no queden muchos el factor suerte juega un papel importantísimo en todo orden de cosas. Tiene que procurar, sí, que lo que el mecenas admire sea su obra y no otros atributos de carácter no literario. También se recomiendo separar, el dia de pago, dos billetitos de un monto ni tan grande ni tan chico y guardarlos en un lugar de difícil acceso, como el fondo de la parte superior del clóset debajo de la ropa de estación, cosa que si la necesidad apremia, se le quiten las ganas de echarles mano de sólo pensar en el esfuerzo que tiene que desplegar para alcanzarlos. Con constancia, un alto umbral de tolerancia a la frustración y una gran capacidad para soportar las privaciones, podrá autopublicarse al cabo de uno o dos lustros, con suerte menos. Participar en todos los concursos literarios que pueda, mientras más mejor por aquello de la Ley de las Probabilidades. Si participa en muchos y por mucho tiempo, tarde o temprano obtendrá el primer premio, el segundo, el tercero o algún lugarcito entre los finalistas. Y si así sucede es altamente probable que le publiquen el trabajo premiado. Tener la obra revisada, corregida, meditada y lista para el horno. Nunca se sabe cuándo va a saltar la liebre. Como último recurso debiera renunciar a la cómoda pero desventajosa calidad de escritor desvinculado y lanzarse a la difícil aunque no imposible misión de lograr que alguna editorial de las típicas le publique.
En todo caso la autopublicación de libros digitales y en formato de papel bajo demanda, o publicación a pedido, viene tomando fuerza desde hace rato y se plantea como todo un desafío para las editoriales de siempre.


© Carolina Meneses Columbié

El indeciso


Cuando ingresa a la librería recorre con la mirada las distintas secciones, rápido, como tratando de chequear el espacio de una sola vez porque es tan escaso el tiempo y son tantos los libros. Si quiere que su misión sea efectiva debe calmarse primero y elaborar a continuación un plan de búsqueda inteligente. Comenzará por la sección de Novedades que, lo sabe bien, está en el lugar más estratégico: al centro, en un mostrador cerca de la entrada. Tan cerca de la entrada y tan al centro que con la agitación que lleva tropieza con el mostrador y bota un par de libros al suelo. Como es un lector culto trata de no mirar los Best Seller, pero mientras enfoca la cara hacia las obras selectas, esas bien sesudas, con el rabillo del ojo les echa un vistazo a todos los Best Seller que, en tales condiciones, pueda abarcar. Entonces cede y como quien no quiere la cosa agarra el último éxito de una de esas escritoras feministas que siguen explotando su fórmula triunfadora. Luego agarra el de otra; y luego el de un triunfador esotérico. Listo, piensa, ya es suficiente. Se guarda uno bajo el brazo con la intención de llevarlo a casa porque de todas maneras hay que relajar la mente. Sigue hacia los Premios Nobel, una sección segura donde puede hacer coincidir con libertad la dirección de la cara con la de la mirada y hojear todos los libros que quiera, siempre con el Best Seller bien agarrado bajo el brazo. Pero casualmente los de la librería, con mucha inteligencia, trasladaron la sección de Autoayuda y la pusieron justo al lado de la de Premios Nobel, tan juntas que casi-casi se entrelazan. Nuestro amigo no tiene la culpa, él trató de hacer su mayor esfuerzo; revisará rapidito algunos manuales. Últimamente no le han ido bien las cosas, así que agarra el manual que explica cómo hacerse rico en menos de un año y se lo guarda bajo el otro brazo. Total, si lo que dice el manual le resulta, podrá comprar todos los buenos libros que le dé la gana. Ahora ya puede revisar la sección de Premios Nobel y la de Literatura Experimental, y quién sabe, tal vez le alcance el tiempo para llegar a la de Filosofía y hasta a la de Estudios Políticos. Después de mucho hojear se decide por un título de Premios Nobel y por otro de Estudios Políticos. Se dirige a la caja con, ¿cuántos llevábamos?
Un Best Seller bajo el brazo derecho. Un manual de autoayuda bajo el izquierdo. En una mano el de Premios Nobel. En la otra, el de Estudios Políticos.
Llega a la caja y deposita su carga sobre el mostrador. El vendedor dispara la pistola a los códigos de barra y al final le comunica el precio. Nuestro amigo levanta las cejas y exclama ¡uf, vamos a ver! Revisa la billetera y descubre que tiene que optar. Recorre con la mirada los libros seleccionados y de ahí, nuevamente, el interior de la billetera, a ver si todavía está en el pliegue oculto el billete que guardó la semana pasada. Pero no, ya no está. Ante tan difícil disyuntiva no le queda más que escuchar a la voz interior que le está recordando su necesidad perentoria. Entonces dice bajito para que sólo escuche el de la caja:
-Me llevo el Best Seller y el manual de autoayuda.


© Carolina Meneses Columbié